Final Copa del Mundo 2014: Alemania y Argentina por el título
Germanos y albicelestes se enfrentan desde las 2 p.m. Será el tercer
encuentro entre ambos en una final de Copa del Mundo
Río
de Janeiro (dpa) - No hay final
comparable a las de Alemania y Argentina en los Mundiales, y no habrá otra
como la de hoy en el Maracaná, que asegura una consagración
histórica en el momento exacto del pitazo final: el nuevo estilo germano confirmado como exitoso o Lionel Messi a la altura de Pelé y Diego Maradona.
"Vamos a
tener muchos, muchos más problemas que en la semifinal", advirtió en las
horas previas al choque el entrenador alemán, Joachim Löw, cuya selección no gana un Mundial
desde Italia 90, con un 1-0 sobre la Argentina de Maradona, que significó su
tercer título.
Aquello fue
cuatro años después de que Maradona alzara el trofeo de campeón en México 86
tras un 3-2 sobre Alemania. El '10' más mítico de la historia albiceleste
está en Río de Janeiro y no tiene dudas de que en la tercera final con Alemania
-no hay definición
más repetida en los Mundiales- su país se
llevará mañana su tercer título tras aquellos de 1978 y 1986.
"Messi creo
que va a ser el jugador que va a definir el partido", pronosticó el hombre
que cuatro años atrás dirigió a la Argentina que cayó 4-0 con Alemania en
cuartos de final de Sudáfrica 2010.
Las goleadas
estrepitosas vienen siendo marca de una selección que hasta hace unos años se valía de la fuerza, la insistencia, el centro y
el cabezazo para imponerse en el mundo.
Todo eso sigue
allí, pero la Alemania que Löw inauguró con Jürgen Klinsmann en el Mundial de
2006 es otra: mucho más vistosa, convencida
de que tocar la pelota también abre caminos,
"dulcificada" gracias a hijos de la inmigración como Mesut Özil y
también por jugadores cuya cotización sube y sube: Toni Kroos, Thomas Müller,
Philipp Lahm o Manuel Neuer.
Lahm, un jugador
que ya maravilló a Maradona en 2006, jugará en el lateral derecho que lo hizo
famoso y no en el medio del campo como decidió Josep Guardiola en el Bayern Múnich. Löw hizo
ese cambio para los cuartos de final ante Francia, y desde entonces el equipo funciona mejor.
Basta con preguntarle a Brasil, expulsado de su Mundial por un cataclísmico 7-1
de los germanos, que se apiadaron del anfitrión, goleados hoy 3-0 por Holanda
en la disputa por el tercer puesto.
El 4-0 alemán en
Ciudad del Cabo sigue muy fresco en el recuerdo de los argentinos.
"El nuestro
es un equipo más conservador que el de hace cuatro años. Busca el triunfo por un camino diferente",
admitió Alejandro Sabella, seleccionador argentino.
"Es lo que
no tiene que volver a pasar", advirtió Sergio "Kun" Agüero.
"Lo fundamental es estar atento a la pelota parada, los alemanes junto con
los ingleses son los que te pueden complicar con una pelota parada y eso te
puede cambiar el partido".
Fue en una
jugada con pelota parada a los dos minutos y medio de juego que Müller abrió la
goleada aquella vez. Los argentinos, que tienen muy claro que no pueden
permitir que su rival abra el marcador, cuentan con una ventaja respecto de
2010: su defensa funciona. Tanto, que
no recibió goles en los últimos tres partidos.
Lo que no
funciona tan bien como se esperaba es el ataque. Argentina llegó a Brasil 2014
encomendándose a la ofensiva feroz de los "cuatro fantásticos" -Ángel
Di María, Messi, Agüero y Gonzalo Higuaín-, pero Sabella terminó consolidando
un juego mucho más cercano a sus ideas: control de la pelota, solidez defensiva y ataque
sin desarmar al equipo. Cuatro años
después, Argentina es muy diferente a la de Maradona, aunque muchos jugadores
sean los mismos.
Se le podrá
achacar una obsesión por no quedar desguarnecido atrás, pero Sabella arma a su
equipo consciente de que esa meta innegociable cuenta con la ventaja de una
carta ganadora: Messi.
El delantero del
Barcelona vivirá a sus 27 años el día con el
que soñó desde que tiene uso de razón: intentar ganar un Mundial con la
camiseta de la selección argentina.
Mejor jugador
del mundo en cuatro de las últimas cinco temporadas, el "10"
argentino no es el mismo de Sudáfrica 2010. Maradona contaba por entonces con
un futbolista mucho más explosivo, imparable en el arranque y capaz de anotar
los goles más impensables. Lo cierto es que aquel Messi jugó cinco partidos y
se fue sin goles de ese Mundial. En el de Brasil ya anotó cuatro.
El
Messi de hoy es más lento con las piernas, pero más fuerte y rápido con la
mente. Es más "sabio" futbolísticamente.
Sin él, Argentina no habría superado la primera fase ante Bosnia, Nigeria e
Irán. Sin él, Di María no habría recibido el pase para el gol a los 118 ante
Suiza en octavos, ni habría habido jugada para el único gol ante Bélgica en los
cuartos.
Muy controlado
por Holanda en semifinales, sin la chispa o frescura para aprovechar los
escasos resquicios que dejó el muro naranja, Messi se despertará hoy con uno de
esos privilegios del que solo disfrutan los grandes: tener, en sus pies y en su
cabeza, la oportunidad
de escribir su propia historia y hacerse
grande entre los grandes.
"Mañana jugaremos
el partido más importante de nuestras vidas con esta camiseta",
escribió ayer en su cuenta de Facebook el "10" de la selección
argentina y del Barcelona.
"Pero el
sueño no ha acabado, ¡mañana queremos ganar y estamos preparados para
ello!".
Tras tres días
de intensas lluvias en Río, hoy domingo será efervescente. Casi 100.000
argentinos que disfrutan del trágico Mundial brasileño y sueñan con suceder a Uruguay como campeones en el
Maracaná, rodearán el mítico estadio gritando que "Maradona es más grande
que Pelé" y pagando precios absurdos por entradas en la reventa.
Unos 30.000 lograrán ingresar al templo del fútbol confiando en Messi tanto
como Alemania le teme: suceda lo que suceda, la final es única.
Alineaciones
probables:
ARGENTINA:
Romero - Zabaleta, Demichelis, Garay, Rojo - Pérez, Mascherano, Biglia -
Higuaín, Messi, Agüero
ALEMANIA:
Neuer - Lahm, Boateng, Hummels, Höwedes - Khedira, Schweinsteiger, Kroos -
Müller, Klose, Özil




